“El dilema del determinismo tecnológico probablemente es un falso problema, puesto que tecnología es sociedad y ésta no puede ser comprendida o representada sin sus herramientas técnicas”.

(Manuel Castells)

“El nuestro es un mundo flamante de repentineidad. El tiempo ha cesado, el espacio se ha esfumado. Ahora, vivimos en una Aldea Global”.

(Marshall Mc Luhan)

Hablar de tecnología en el campo de las comunicaciones (TIC’s), no debería suceder sin hablar de Mc Luhan, de Pasquali, de Bisbal y, de manera más contemporánea, de Castells. Todos ellos han tenido qué decir en torno al tema, proponiendo y criticando lo que el otro propone, pero sin duda aportando cada uno lo suyo para el estudio de la influencia de la tecnología en la comunicación.

Marshall Mc Luhan, sujeto mal interpretado por décadas (su archiconocida frase “Medium is message” en realidad tuvo que ser “Medium is massage”) vivió explicando cómo la tecnología influía directamente en la construcción del tejido social, de sus modos y fondos, en una proposición llamada “Determinismo Tecnológico”.

Es sabida la crítica abierta y directa que otros teóricos, venezolanos para más señas, como Marcelino Bisbal, Jesús Ma. Aguirre y Antonio Pasquali, hicieron hacia los postulados de Mc Luhan. Su postura pudiera bien resumirse en la frase: No es el medio, es el mensaje.

Por su parte, el catalán Manuel Castells nos ha dicho que ese Determinismo Tecnológico es, cuando menos, un falso dilema, colocando la tecnología a la par de la sociedad, en tanto es esta la que hace posible su aparición, avance y desarrollo.
Toda esta perorata teórica, es necesaria para afirmar que, en efecto, lo importante en el proceso comunicacional siempre es –y será –el mensaje, los contenidos.

Hablamos de una idea que se convierte en concepto en Publicidad, que se convierte en una pieza narrativa en la literatura, o en un contenido en Internet. Las herramientas tecnológicas pueden modificar el modo en que dicha idea se propaga, más no son capaces de modificar la esencia de esa idea.

Partiendo de un concepto, tenemos tantas formas de comunicar ese mensaje como tantas herramientas tecnológicas existen, algunas con más o menos alcances, más o menos vistosas, pero en esencia sigue siendo el mismo mensaje. Esto tiene sus bemoles. Cuando uno se pone a pensar en la diferencia que un mensaje toma cuando es trasmitido por uno u otro canal televisivo, nos damos cuenta que las características del medio pudieran influir en la interpretación final de dicho mensaje. Es distinto que alguien con franela roja salga hablando en VTV a que lo haga en Globovisión; y adquiere incluso otra connotación distinta si lo vemos por Venevisión. Pero en este caso no es la tecnología la que influye sobre el código, sino que es la “marca” del medio que funciona como mensaje en sí misma, y por tanto modifica la manera en que el público decodifica esos símbolos. Bien pudiéramos hablar entonces de que la “marca” de un medio de comunicación o de una herramienta tecnológica, toma el papel de “ruido” en la transmisión del mensaje. Cosa que se agrava cuando esa transmisión se limita a la difusión de información, lo cual según Pasquali no es comunicación.

Pero no limitemos el ejemplo al medio televisivo. Pudiéramos transpolar el caso al contenido emitido por una marca de teléfono u otra. La predisposición que tengamos ante la marca de una herramienta determinará la forma en que recibamos el contenido, porque ya posee una carga interpretativa de origen, impulsada por la actividad comunicacional que dicha marca ha realizado. Un usuario religioso de Nokia probablemente recibirá con predisposición negativa un contenido emitido por un Blackberry.

Pero volviendo al tema principal de este post, innegablemente nos encontramos en una era digital, y en este punto el propio Marcelino Bisbal dijo recientemente que “Mc Luhan la pegó”, solo que el modo de comunicarnos que ha traído Internet a la palestra en realidad no es nada nuevo, sino que es el rescate de un modo que habíamos dejado en el olvido, tras la luz encandilante de los medios masivos. Hemos re-aprendido a conversar. Más reciéntemente Pasquali ha puesto un elemento importante sobre esta discusión. Ha dicho que la creación del código binario, representa el inicio de una segunda gran revolución lingüística, siendo la primera la creación del alfabeto (un código también, a fin de cuentas).

El hecho de que Pasquali equipare ambos códigos (el alfabético y el binario), representa un rescate de lo tech para la causa comunicacional. Bien podría ser entonces que el código digital binario sea la TIC por excelencia, puesto que su creación persigue una manera más fácil de crear, distribuir y almacenar información, características que también poseen Internet y la WWW. No es casualidad que Pasquali siempre haya insistido en dibujar “un mundo transfigurado por la Comunicación” y no por la tecnología.

Lo cierto de todo esto, y el objetivo principal de este texto, es tratar de quitar el humo que hay alrededor de la obnubilación por la tecnología. Ciertamente estamos en una era de avances rápidos y poderosos, pero cada avance es un escalón más para hacer mejor lo que realmente es importante: comunicar.

Es el mensaje, estúpido

Dejar un comentario

dos × cuatro =