Cuando nos referimos a las ciudadanías web debemos entenderlo como un espacio multideterminado en el que diversos sistemas culturales se intersectan e interpenetran.

Hemos mencionado que el ciudadano se define a partir de la conexión existente entre ciudadanía y Estado nación. Pero a raíz del impacto de las tecnologías y la creación de los espacios virtuales en la Sociedad de la Información y el Conocimiento el concepto de ciudadanía pierde los elementos de referencia que le sostenían previamente.

En el ciberespacio se rompen las fronteras geográficas formales. El territorio, elemento clave en la identificación de los sujetos y los colectivos, se diluye. La red permite la participación de cualquier individuo en los asuntos de una comunidad virtual. Los límites los impone el acceso tecnológico a las mismas.

En el ciberespacio se supera el marco jurídico-político de la ciudadanía. Los encuentros son producto de afinidades en los ámbitos políticos, sociales, económicos y culturales.

La red se convierte en un espacio “desterritorializado” que produce ciudadanías posibilitando un carácter global (Martínez, 2004).

…”La acción de un ecosistema comunicativo dinamizado por el uso de las nuevas tecnologías de información y comunicación desarrolla nuevos modos de estar juntos y nuevas sensibilidades, pero también la interconexión de conflictos y causas equivalentes en espacios desterritorializados” (Martínez, 2004).

A través de las redes electrónicas se construye un sentido de pertenencia. Las nuevas socialidades, o formas de lo social (Maffessoli, 2004), surgen de las experiencias compartidas en un intercambio simbólico de valores, imágenes, informaciones, conocimientos y necesidades afectivas (Martínez, 2004). Los ciudadanos satisfacen sus necesidades gregarias en un territorio que ya no es geográfico sino simbólico (Martínez, 2004).

La red se convierte en un escenario complejo, con múltiples actores en el que se desarrollan nuevas identidades, se abren espacios participativos, democráticos, en el que observamos todo tipo de expresiones y manifestaciones sociales.

El campo de la ciudadanía se amplia en un abanico de posibilidades en la red cibernética.
· Se crean incontables comunidades virtuales.
· Observamos amplia actividad política, cultural, económica y social.

Se crean comunidades virtuales no territoriales. Sujetos que adoptan este nuevo modelo de ciudadanía mediante direcciones electrónicas personalizadas (IP address). Estableciendo comunicaciones en las que utilizan sus nombres reales, mediante alias; por medio de textos o de imágenes a las que se les denomina como avatares.

Las comunidades en el ciberespacio pueden servir distintos fines: culturales, reivindicativas, sociales, económicos, lúdicos… Al situarse en otro ámbito, estas comunidades superan de alguna forma las limitaciones que impone el espacio político “real”, cambiando así la forma en que se relacionan los sujetos con su entorno.

Podemos definir al ciberciudadano como aquel que al acceder a los medios de comunicación electrónica interactúa a través de los mismos (FIAP, 2008).

Para Lefebvre ( citado en FIAP, 2008 ) el ciberciudadano se dirige hacia la cibernantropía. El cibernántropo vive rodeado de artefactos tecnológicos, se informa, se comunica, actúa y adquiere un estatus social privilegiado a través de ellos. Esto le provoca autosatisfacción. Al cibernantropo no le preocupa depender de la tecnología pues lo considera normal para poder responder a los retos del siglo XXI.

Las subjetividades construidas en base a etnias, geografías o políticas son transformadas en el ciberespacio. La nueva comunidad se distingue por un carácter voluntario, de convivencia y colaboración. Sin que esto signifique que se rompen los lazos de la identidad territorial socio-política.

Las comunidades virtuales desarrollan un sentido de pertenencia que supone una especie de “nuevo pacto social”.

Este espacio virtual se caracteriza por una estructura horizontal, por la posibilidad de entrar y salir libremente de la comunidad, por una interactividad equitativa, por la libertad de expresión, la libertad de reunión, la posibilidad de manifestarse libremente y la capacidad de autorregulase.

El ciberespacio es concebido como un mundo “sin centro hegemónico, sin jerarquías, sin asimetrías culturales, sociales, económicas o políticas” (FIAP, 2008). Las opiniones se expresan libremente. El valor de las mismas radica en que pueden ser formuladas independientemente de su rigor intelectual, es decir, no imperan condiciones específicas que limiten tales expresiones en el mundo virtual.

Claro está, se supone que el buen ciberciudadano practique la netiquette. Esta suposición tiene de fondo la creencia de que en el ciberespacio se generan, de manera espontánea y autorreguladas, las conductas éticas. Pero esta suposición encierra un sentido utópico de la experiencia virtual. La percepción de que la ciberciudadanía incluye el respeto a la libertad de expresión, a la pluralidad, el desinterés económico… parte de esta premisa que no siempre es correcta.

https://salvarezramos.wordpress.com/ciberciudadanias/

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